Creo que a gran parte de los lectores de este blog le será familiar la situación que esta mañana viví al finalizar mi clase de psicología del lenguaje: El profesor mira su reloj dando por finalizada la hora, y con una templanza absoluta se dirige al alumnado. " Como muchos sabéis, mañana se ha convocado una huelga. Yo no tengo problema en pasar la clase al día siguiente, pero si uno solo de vosotros decide venir, me veo en mi obligación de dar la lección a los asistentes" Inmediatamente un murmullo se apodera de la sala. ¿Asistir o no a la mañana siguiente?. Por supuesto, nadie desea dar clase pudiendo tener unas cuantas horas más de sueño, pero tampoco hace gracia el hecho de perder un día de materia. La situación puede ser perfecta para todos si cada uno se queda en su casa, pero en caso de que uno rompa con la coordinación del grupo el resto queda perjudicado. Incluso se suele dar el caso de aquel que no quiere ir a la facultad, pero lo va por miedo a que otro...